domingo, 8 de junio de 2014

LA MURALLA DE PLASENCIA DECLARADA BIEN DE INTERÉS CULTURAL.

Pero ¿Qué se pensaban esos señores estirados de la Unesco? ¿Que la cosa se iba a quedar así: sin patrimonio ni humanidad? ¡Qué poco nos conocen! A ver si vamos a tener la novena maravilla del mundo sin sacarle el jugo. Que ellos por inquina cochina nos niegan aquel título rimbombante, pues mira por dónde nos ha venido del cielo la declaración de bien de interés cultural para nuestra muralla. Sólo ha sido necesario colocarla de callejón de toriles y ya sabemos que nuestro congreso legisla que «la tauromaquia forma parte del patrimonio cultural digno de protección en todo el territorio nacional». ¡Qué envidia le va a dar a su hermana de Ávila, que jamás se le podría ocurrir una idea tan pintoresca! Hombre, lo que no acabo de entender es por qué no han colgao otro de estos afiches taurinos en la portada de la catedral. ¡En Plasencia somos la leche!

martes, 6 de mayo de 2014

LA HOMILIA DE CANENA



Francamente a mí, como el Piyayo en la rancia poesía, lo del cura de Canena me causa una pena y un respeto imponente. Cada vez que doy al repray del video delator lo veo más claro: Esto de lo de las homilías es la artimaña más sinuosa y endiablada que se ha ideado para dejarnos en evidencia a los incautos curas modernos.

Y es que la tentación nos puede. Que se nos ha dicho que la homilía debe ser una sencilla, preparada, comprensiva y breve, sobre todo breve, explicación de la Palabra de Dios, y siempre como anuncio de la Buena Nueva del Evangelio. Pues nada, yo, deslumbrado por el brillo escénico, no voy a perder esta ocasión de oro, con el aforo lleno y el cartel de no hay billetes, para darle, venga o no a cuento, un repasito moral a un personal que tan poco frecuenta el local y que tan necesitado anda de orientaciones y valores tradicionales, en la línea de alta conciencia moral que el pater ejemplarizaba, con sensibilidad de botella de aguarrás, en ese modélico caballero católico que zurraba a la parienta para aliviar la resaca, sin llegar a matarla, que todo, claro, tiene un límite, y además eso ya viene explícito en el quinto mandamiento.

Ya puede clamar el cándido Francisco para que seamos los heraldos de la alegría del evangelio, que a nosotros nos va más la marcha de Savonarola y donde esté una ardiente prédica contra la depravación, que se quite tanto remilgo bíblico.

Ah, pero todavía son más diabólica la trampas que nos preparan las expectativas del respetable en acontecimientos tan entrañables y memorables como estos de las primeras comuniones. Todo se confabula para que te des un buen batacazo en la sentida plática. Porque ya que están los niños tan guapos, el día es tan señalado, a ser posible en sábado que luego  hay que  conducir, los móviles tan oportunos, la mamá tan atenta a la arruga del vestidito y el primo de Alcorcón ocultando la cámara de fotos… todo tan “divino” que a ver si el cura, nos va a salir por peteneras evangélicas en lugar de poner una guinda de gracia y donaire a tan hermoso pastel.

Que sí, que os aseguro que esto de la homilía es terreno minado, y que aquí os quería yo ver a muchos de los que bostezáis y reclináis la cabeza en el banco mientras yo braceo tratando de salir indemne de tan duro trance.


lunes, 21 de abril de 2014

El ABERRI EGUNA Y LOS 8 APELLIDOS

Será manía mía, pero no me acaba de encajar eso de que los discretos chicos del peneuve monten su mitín mayor el domingo de Resurrección. Yo creo que ese es un día más propio para las aleluyas y las rocas de pascua que para escamar a los vecinos del patio patrio con jeroglífico tan difíciles como el de  la búsqueda de una nueva vía para la nación vasca  a través de una relación de bilateralidad con España -qué signifique tal galimatías espero que tarde tiempo en descubrirse, no sea que se nos arme otro pifostio como el catalán- Si acaso, y sí de Euskal Herria se trata, veo más en línea con la festividad el irse a disfrutar con la película de moda, aquella de los 8 Apellidos Vascos.


Por cierto que todo el mundo se pregunta dónde está el secreto de su éxito. Desde luego en su naturalidad y humor y en el desparpajo de sus actores. Pero para mí, sobre todo, en que quienes tanto hemos temido, sufrido y dolido durante años con el mal llamado “asunto vasco”, hemos encontrado en este fantástico film una impagable sesión de risoterapia que nos hace experimentar por medio de las carcajadas que es más lo que nos une en el sentimiento y en la humanidad, que lo que las ideas y los intereses políticos excluyentes se empeñan en imponer.

sábado, 12 de abril de 2014

DEBE HABER UN SUIZO EN EL BARRIO DE SAN MIGUEL



Es que no puede ser de otra manera ¿quién, si no, se va a afanar en hacer un florido pensil en este trozo de tierra de todos, junto al muro de la estación? Desde luego nadie de por estos pagos. Nuestras gentes no andan en estas finuras con lo común. Si acaso, en algunas circunstancias, se barre o riega la puerta de casa hacia el centro de la calle o el umbral de la vecina. Los españoles somos de otra casta más recia.

Nuestra gente muestra su respeto a lo comunitario esparciendo por las calles imponentes gapos, verdes como sapos y espesos como hamburguesas de ternera extremeña. El buen español que se precie arroja desde la ventanilla del coche la colilla y el bote de coca-cola con la misma soltura y desparpajo que los Magos caramelos en la Cabalgata de Reyes. El españolito defensor de la naturaleza, como debe ser, se extasía contemplado como su amorcito de cuatro patas levanta una de ellas y hace el pipí en la esquina o suelta la caquita en la acera para que los ciudadanos pueda jugar luego al tradicional piso marro y la madre que parió al dueño. Por un quítame allá esas pajas o por medio litro de cerveza de más en el cerebro, somos capaces de arrancar de cuajo un banco de hierro en parque y achatarrar a la más resistente papelera.

No, este benéfico floricultor no es de los nuestros. Seguro que no ha  pisado ningún aula de nuestra mimada educación pública, y menos todavía de la enseñanza concertada, esa cuyos alumnos tienen la irresistible tendencia de guarrear las paredes de los vecinos que circundan sus beatíficos colegios. Ni tampoco tuvo uno de nuestros ejemplares padres que le dijeran aquello de “¡Niño, eso se hace en la calle¡”


Estoy tan asombrado por lo excepcional del caso que he tenido la tentación de encabezar una campaña para que se le conceda la medalla de oro de la ciudad. Pero he desistido. Tales honores, ya se sabe, se reservan en la muy Leal y Benéfica a las influyentes e ilustres personajillos del abolengo urbano que adornan constantemente con su presencia y sapiencia los abundantes y deslumbrantes actos sociales y culturales de nuestra urbe. Además que no conviene dar pistas, a ver si encima estos genios de la administración van a multar al interfecto por uso indebido del espacio público.

miércoles, 2 de abril de 2014

MENTAR LA BICHA DE LA GUERRA CIVIL.



Había quedado tan perdida en la nebulosa de los años que, ingenuo de mí, creí que nunca más volvería a sentir sobre mi alma la zarpa del desasosiego por el fantasma de aquella guerra cruel que dejó en España un reguero de odio, venganza y sufrimiento por décadas y con el que tuve que bregar en mis primeros años de sacerdote. Corrían los mitificados años de la transición y en los pueblos, a los que la insondable voluntad del Señor me envió, existía un irrespirable ambiente de desconfianza, prevención y temor ante la que se avecinaba con la democracia. Las buenas gentes, sobre todos los más mayores, miraban con bastante prevención y escepticismo los nuevos impulsos políticos. Y es que … ¡cuidado! ¡A ver si volvemos a las andadas!, que los partidos no traen nada bueno¡ Por supuesto que  muchos de estos miedos viscerales eran cuidadosa y deliberadamente alimentados por los que no querían ningún tipo de cambio.

Entonces, muchos cristianos, siguiendo la senda del cardenal Tarancón, vimos claro que el mejor servicio que, desde la Iglesia, podíamos prestar a la sociedad en aquel momento de encrucijada, tenía que ser el de colaborar, en lo que estuviera de nuestra parte, para enterrar definitivamente el maldito trauma de la guerra civil y promover entre las gentes una conciencia de esperanza y participación democrática para conseguir una convivencia en paz y justicia, convencidos de que las nuevas generaciones de españoles, como se demostraría en los años siguientes,  nada teníamos que ver con los de los fatídicos años 30 y estábamos preparados y decididos a trabajar por un prometedor futuro de prosperidad y concordia, sin miradas ofuscadas en el espejo retrovisor. Fue un trabajo no siempre fácil,  sobre todo en el cerrado mundo rural donde los rencores son más permanentes y los enemigos más señalables. Una tarea no siempre comprendida, y que, al menos a mi, me produjo muchos sinsabores pero también muchas satisfacciones. Todo lo dí por bueno cuando puede ver con el paso de los años y de las elecciones que la tragedia de la guerra civil se fue haciendo para nosotros más un recuerdo que una realidad.


De ahí que todavía no acabo de entender ni de asimilar con sosiego las referencias que el señor cardenal de Madrid ha hecho a que las causas de la guerra civil pueden repetirse ahora, y  me sorprende y duele que lo dijera especialmente en el solemne funeral de aquel que echó las primeras paletadas para enterrar para siempre el dolor y el recuerdo inmisericorde de aquella fatídica confrontación. Comprendo, siguiendo sus discursos, que piense que este país está hecho unos zorros, pero de eso a ponerlo a los cascos de los caballos del Apocalipsis va un osado trecho. Yo humildemente recomendaría a algunos que  dejen de una vez como lectura de cabecera el libro de las Lamentaciones. Les aseguro que disfrutarán más con “La alegría del Evangelio”.

miércoles, 19 de febrero de 2014

HABLAMOS DE SERES HUMANOS



Pues está visto que ante las ideologías y los intereses políticos no cabe ni la más mínima concesión a la piedad y la compasión humana. Ya pueden morir 15 jóvenes en las playa de Tarajal o miles en las ciudades de Siria, con un “cuanto lo siento” y “qué vamos a hacerlo” cuestión resuelta. 

Y lo tremendo es que la cosa no queda aquí. Cuando ya nos metemos a defender lo injustificable, llegamos a extremos nauseabundos de cinismo y crueldad. Son tan estúpidas y contradictorias las explicaciones, tan claras y gastadas las mentiras, tan excesivas las loas a los autores de estas tragedias para guardar las espaldas de los verdaderos responsables, que uno, viendo como aquí cuela todo, llega a pensar si es que con estallido de la burbuja del ladrillo también se ha esfumado la poca decencia y la moralidad que se le suponía a esta sociedad, tan católica y humanista ella. 

Al decir el Papa Francisco sin tapujos que este tipo de inhumanidades son un “Vergüenza”, no esperaba que todos los días le fueran a enmendar la plana en la tele de sus obispos españoles con comentarios y encuestas que criminalizan a seres desgraciados que tienen la osadía de pretender sobrevivir. 

Dejémonos de monsergas aquí han muertos personas, seres humanos, vidas llenas de vida, miradas repletas de horizontes, manos vacías en busca de esperanza, pies descalzos que perseguían el sueño de una tierra nueva, y nosotros, asumiendo la parte de complicidad que nos toca por acción y omisión, no podemos hacer otra cosa que pedir, que exigir que termine este sinsentido que nos está degradando.


miércoles, 1 de enero de 2014

UNA POSE CON RECORRIDO.


Era víspera de año viejo y no encontré cosa mejor que hacer, para ir abriendo paso a las celebraciones del día siguiente, que agotarme tratando de superar el récord personal e intransferible de mi anterior visita  al museo del Prado, que se quedó en quince o veinte salas y la miseria del ojeo de unas 30 obras maestras, por supuesto, entre ellas la Anunciación de Rafael pero, todo hay que decirlo, también la Venus con el amor y la música de Tiziano, que es una monada pero con menos tela. De obligado cumplimiento era esa tarde el repasar la celebrada exposición de Velázquez y la familia de Felipe IV, cosa que tuvo su mérito, pues aunque me pareció apabullante la plenitud del arte del genio sevillano en esos retratos cortesanos, los modelos principescos son feos a reventar. Que me pregunto yo que ¿qué hicieron tales engendros con los genes que les legaron los apuestísimos Isabel y  Fernando que nos emboban los lunes en la Primera? ¿O es que Velázquez les tenía la misma manía que Goya a sus reales señores?  Pues eso, que estaba de Velazquez y de pronto me topé con el cuadro del Triunfo de Baco, castizamente llamado el de los Borrachos, y de él en un detalle que,  hasta ahora que soy un ducho ojeador de las redes, no me había percatado. Y es que  a la izquierda de la escena mitológica, dos borrachines, bien achispados, se desentienden absolutamente de la acción y miran sonrientes a cámara, en este caso al caballete, mientras sostienen la taza del cubalibre de aquellos tiempos, invitándonos a participar de su fiesta. Anda, me dije, mira por dónde, la cosa viene de lejos y don Diego es el descubridor de la postura más divulgada y celebrada en las fotos de mi muro de facebook. O sea, que a ver si las dejo de ver como un despropósito del mal gusto y las considero unas refinadas obras de arte. ¡Cómo te cambia la cultura¡


Podía poner fotos de amigos, pero tienen copyright.